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¡Bienvenidos!

CONCURSOS LITERARIOS

En una jornada cargada de pasion literaria, el dia 25 de octubre de 2025, se hizo la entrega de premios del 17° Concurso Internacional de Cuento Corto Leopoldo Lugones.

Presentamos aqui los cuentos premiados y sus autores...


1° PUESTO

HISTORIAS DE MUJERES QUE SE REPITEN

Autora: Maria Rosa Batista                    Seudónimo: Amo la escritura

Abro los ojos, me había quedado dormida en el sillón. Tengo mucho frío y las piernas están acalambradas, las  quiero  estirar. De a poco me doy cuenta donde me encuentro. El celular muerto cae al piso.  En el forcejeo, la pantalla quedó rota en mil pedazos.  Mejor ─pienso─ así no podrán ubicarme en esta isla perdida. De a poco una leve oscuridad cubre la habitación. Me levanto despacio para a buscar las velas y poner kerosene  al sol de noche.  Recorro la casa, está igual que cuando nos escapábamos con mi mamá para sanar las heridas que —según decía mi papá— se causaba por su torpeza. Lloraba mucho como el cielo de hoy.

¿Por qué  se repiten las historias entre las mujeres de esta familia? Antes fue mi abuela. Ella nunca se animó a contar. Era de buena esposa aguantar, “en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte los separe”. Resbaló de las escaleras por no prestar atención ─aseguró mi abuelo. De chica me repetía a mí misma que yo no iba a estar al lado de una persona que no me valorase.

 Unas pequeñas gotas vuelven a golpear en la ventana, me asomo, cierro los ojos: “aparece la cara de la amiga de mi mamá sentada en el muelle, con el termo y el mate. Su hermosa sonrisa entibia el frio viaje.

Las veo recostadas en las reposeras de tela rayada.  Me escondo entre los matorrales de geranios, la música del agua que corre me hace entre dormir, o eso se creen ellas. Mi mamá jamás se queja. Encienden despacio un “Slim largo”. El aroma mentolado bañe toda la orilla del río que se lleva las palabras tristes y las canciones de Leonardo Favio y Serún Giran que suenan en la radio. Apenas oigo un susurro:

─¿Te duele mucho la costilla? ─pregunta Susi─ tenes que ir al médico.

 ─No, si voy al médico va a querer saber qué me pasó, y todo eso.

Calla, mira al vacío, mientras anillos grises suben y desaparecen en el infinito. Su cara muestra que de eso no se habla.

─Buscá ayuda, no podés seguir así.

─Es cuestión de tiempo. Debo aguantar porque los chicos necesitan un padre. Estoy acostumbrada.  Además, tuve la culpa, le manché el pantalón nuevo cuando lo puse en el lavarropas —su cabello negro se mueve con la pequeña brisa.

Mi mamá se levanta despacio, una mueca de dolor se marca en el entrecejo.”

 Así la recuerdo, lo que sucedía era su culpa. Me preguntaba porque mi madre seguía al lado del hombre que la denigraba. Ella era la inútil, la que quemaba la comida, la que no sabía ni planchar la ropa. Algunas noches oía su llanto. Entonces se acostaba conmigo, se dormía a fuerza de caricias y susurros.  El cuerpo de mamá se desgastó, no le salían sonidos de su boca. Hasta que la encontré dormida en su sillón favorito. La zamarree con fuerza, pero ya no quiso despertar.

 El río está cubierto por un manto gris. Unas gotas salpican sobre las ramas del paraíso.  El viento mueve el vidrio, me hace regresar. Camino hacia a la puerta que cruje cuando la abro, me asomo y solo puedo bajar tres escalones. El agua es una inmensa masa que cubre el muelle, la mesa de cemento y los bancos del parque. Vuelvo a cerrar los ojos, quiero recordar como baje al muelle. Se que alguien me ayudó con las cosas, la mochila, una caja con alimentos. Lo poco que tomé a las apuradas.  En mi mente resuenan las voces de los jóvenes alegres, parlanchines que viajaban en la misma lancha. Escuchaban cumbia y reggetton, iban a pasar un fin de semana al recreo sobre el río Parana. Alguna vez también pasé días maravillosos a orillas del río. Las primeras salidas  con un montón de amigos. Nos gustaba jugar al truco. Hacer asado, no  faltaba la cerveza y los mates. Se armaban bailes cuando la luna asomaba. Esas salidas se hicieron tan espaciadas hasta desaparecer.   ¿Qué han sido de las promesas de amor y que me cuidaría por siempre? ¿Que jamás me obligaría hacer algo que no quisiese o me molestase? Me pidió casamiento con las hortensias y las garzas de testigos.

Algunas cosas son arrastradas por la corriente, la ropa está enredada entre las ramas de los arboles. No me preocupo,  mañana veré de ponerlos a secar si sale el sol.  La crecida se lleva el block con mis últimos cuentos, mis pensamientos. Supongo que el agua es para limpiar, aunque algunas veces está tan sucia que arruina lo que toca. Como las relaciones que o llenan el corazón, o son tan toxicas que terminan en enfermedad.

Me siento en la mecedora, veo las gotas caer, se pierden en la inmensidad del río que crece sin pausa, de mis ojos  cae agua que inunda mi pecho y mi alma. Deseo que también me lleve a mí. Cierro los ojos para no ver, vuelven imágenes y frases recurrentes: Él era un señor poderoso, alguien muy conocido en el mundo de los negocios. Mi respeto me hizo callar todos estos años. Me compraba con hermosos y caros regalos, carteras, vestidos, el auto último modelo, una casa con pileta.

─ Tenemos una conexión, cuando estamos juntos nadie puede pararnos, te doy todo. Te trato como una reina, ¿de qué te quejas?

─Quiero ver a Lucy y Mercedes. Hace un tiempo que no nos encontramos. Tomar unos mates, y me cuenten que hacen. Charlamos de los programas de la tele y de los chicos. Antes íbamos a la isla, a pasear en lancha.

─No quiero que salgas ─me tomó la cara mientras me empujaba sobre el escritorio, la lampara cayó al piso─ no andes con esas que te meten ideas raras en la cabeza. Acá tenes todo lo que necesitas, lo que quieras. Si me entero de que hablas o te vienen a visitar juro que te voy a matar.

─Te juro que no voy a salir más, te lo juro, pero soltame por favor, me duele la cara. Unas lágrimas mojaban sus dedos. Él se fue, me dejó  hecha  un bollo en el suelo del living entre los sillones.

Siempre le daba una excusa para irse. En algún momento sus salidas se hicieron rutina, volvía muy tarde, casi no podía tenerse en pie. Cuando le preguntaba de donde venía y con quien había estado, respondía con una voz burlona  que tenía que buscar lo que yo no le daba en casa.

Dos semanas atrás, llegó más alterado que de costumbre. Comenzó a gritar y amenazarme que me iba a matar si volvía a salir. Había estado sola por varios días, porque él se había ido con sus amigos a la costa. Me sentí descompuesta y fui hasta la clínica. Me ubicó porque había conectado el localizador en mi teléfono.

Amigos y familiares se admiraban de lo amable y cariñoso ─un buen partido, que más queres te da todo. No te falta nada, viajas a los lugares más exóticos, tenes los lujos que nunca te hubieras imaginado─ Hay una cosa que perdí y es mi libertad, poder pensar por mi misma. Buscaba satisfacerlo. Con sus amenazas de que iba a perder todo, que yo no era nadie. Antes de conocerlo deseaba entrar en la facultad para estudiar veterinaria. Comenzamos a viajar, a salir a reuniones con grandes empresarios. Yo debía acompañarlo, era importante tener una mujer a su lado, una familia consolidada. Salíamos a lugares donde no hubiese mucha gente o quería mostrarme como un trofeo. Yo era su anzuelo para lograr grandes negocios. Según donde me llevaba elegía el vestuario. Podía ser algo muy llamativo si quería lucirme, o ropa de calle para pasar desapercibidos, si salíamos solos a cenar o algún restaurante. Las veces que me hizo lavar la cara porque tenía demasiado maquillaje, que el no iba a pasar vergüenza con una mujer que parecía una cualquiera. Una vez fuimos a una parrilla y me tiró pimienta en los ojos porque según él, le lancé una  mirada provocadora  al mozo.

Los primeros años de casados fueron maravillosos, de repente algo cambió entonces cada palabra fue una espada que atravesaba la carne. Si le preparaba un Fernet, quería tomar whisky y reboleaba la copa contra el suelo. Me obligó a darle la contraseña del celular. Ya no podía salir ni siquiera a arreglarme el cabello, la peluquera tenía que venir a casa. Él me pedía el turno. Cuando volvía tarde, inundado de alcohol se abalanzaba sobre mi, no le importaba que estuviese dormida. Las primeras veces para que no se enojase, aunque me era difícil de soportar, no decía nada. “Aguanta” saltaban las palabras de mi abuela. Forcejeábamos un poco, pero al final yo cedía. “Aguanta” mientras él me levantaba el camisón y con sus manos me acariciaba. “Aguanta” la revuelta de estómago que quería escupirse del cuerpo. Cuando terminaba, me daba vuelta llena de asco, no tenía ni fuerzas para lavarme. A la mañana siguiente estaba arrepentido.

Al rato el sol rompe la negrura, se impone resplandeciente en el horizonte. Tengo que cerrar los ojos porque lastima. Veo como la vida se deshace en pequeños trozos desparramados. Pedazos que no se pueden recomponer, aunque trato de encajarlos a la fuerza. Mis recuerdos son confusos. A las apuradas puse algo de ropa en la mochila. La llamé a Susi si podía venir unos días a esconderme a su casa. No logro entender como todo termina tan mal.

Mi vista se nubla. ¿Qué pasó ayer? Lo esperé recostada en los sillones del vestíbulo superior. A penas se sostenía para subir.

─Mi linda mujercita me espera despierta. Seguro quiere que la lleve a la cama.  ─comenzó a besarme, el aroma nauseabundo me golpeo en la boca del estomago.

─No te equivoques, hablemos, no quiero más esto. ¿Por qué no nos tomamos un tiempo para pensar?

─¿Vos queres dejarme? ─balbuceaba ─ seguro que tenés otros, te andás revolcando por ahí cuando yo no estoy. Me sujetó fuerte de la muñeca, traté de zafar. Agarró mi celular, saltó un numero desconocido.

─Déjame, solo quiero un tiempo. Devolveme el celular. Me tomó del cabello mientras gritaba que no había nada que pensar. Yo era solo para él.

Los ojos inyectados de rabia, sus manos tomaron mi cuello, forcejeamos contra la baranda que cedió. Él no pudo sostenerse, un fuerte estruendo retumbó en la planta baja.

Ya nada será igual. El agua cuando baja deja su huella de barro negro, espeso, oscuro. Mi cuerpo tiene recuerdos imborrables. A lo lejos escucho la inconfundible sirena de la lancha policial.    




2° PUESTO

EN LOS OJOS DE LA BESTIA

Autora: Malena Samudio                Seudónimo: Roja Caperuza

“Lo único en lo que pienso día y noche es en sus ojos, y en la forma en la que me mira” Esa, podría ser una frase para una historia romántica, llena de amor y con un final feliz. Pero este no es el caso, la vida no es un cuento de hadas en donde todo sale bien al final.

Lara Harvard era una chica de secundaria, recientemente había cumplido 17 años. Era bella, inteligente, talentosa, y amable. Hacía uno o dos años que se había mudado de ciudad con sus padres, en busca de una nueva vida ¿Pero cómo puedes seguir adelante, cuando los monstruos de tu pasado están detrás de tí?

Era 30 de septiembre, y ya todos estaban emocionados por la noche más terrorífica del año: Halloween. A pesar de que todavía faltaba un mes entero, toda la ciudad estaba sumida en un ambiente de terror. Esa misma tarde, Lara y sus amigas salieron de la escuela y decidieron ir a una plaza que se encontraba cerca. Era un día hermoso, el sol brillaba, el cielo azúl estaba despejado, los pájaros cantaban y la brisa les sacudía ligeramente el cabello. Era un día casi perfecto. Estaban hablando tranquilamente sobre los exámenes que tendrian dentro de unas semanas, hasta que Lara comenzó a sentir como si alguien la estuviera observando. Como si alguien tuviera sus ojos clavados en ella. Decidió ignorar ese sentimiento, y tratando de convencerse a sí misma se dijo que simplemente se lo estaba imaginando.

Los días pasaban, pero ella seguía sintiendo esa presencia extraña. Aún así trataba de convencerse de que aquella entidad desconocida no existía, y que todo era producto de su imaginación. Aunque sabía que lo que se repetía una y otra vez era una mentira, era lo único que la mantenia tranquila. Pero pronto, esa mentira se desvanecería, y sus temores más profundos serían reales.

Un día, volviendo a su casa, recibió una extraña llamada. Al contestar el teléfono la persona del otro lado habló. Era un hombre, y tenía una voz gélida, capaz de congelar la sangre a cualquiera que lo oyera. Al hablar, pronunció las siguientes palabras. “ Recuerda cerrar bien las ventanas y puertas”. Luego de eso, la llamada se cortó.

 Lara entró a su habitación y llamó a sus amigas para contarles lo que había ocurrido. “Quedate tranquila, es una simple broma telefónica debido a Halloween, solo quieren asustarte” le decían entre bromas y risas. Después de cortar la llamada, pudo distinguir entre la pila de ropa desparramada por el piso, un pequeño avioncito de papel. Dentro de él, había una nota que decía “ Hablo en serio, cerrá las puertas y ventanas, te estoy observando”. Al leer esas palabras Lara quedó petrificada. Sentía como si todo el cuerpo se le hubiera entumecido, dolía, no podía sentir sus piernas debido a todo el temor que tenía. Y esos ojos, todavía sentía que estaban clavados en ella.

Desde esa noche, Lara no pudo conciliar el sueño. Siempre despertaba en la madrugada debido a pesadillas que tenía. Pesadillas en donde ella estaba atrapada en una habitación oscura, que era solamente iluminada por unos ojos azules que la vigilaban y no la dejaban sola ni por un momento. Y esa voz, una voz que le sonaba extrañamente familiar,  resonaba todo el tiempo en esas cuatro paredes. Sonaba como si un muerto le estuviera hablando, y repetía lo mismo una y otra vez: “te estoy observando”. Una puerta se abre y deja entrar  luz. Pero acompañada de eso, entra un silueta que se acerca lentamente a ella tratando de sujetar con su mano el cuello de Lara. Pero por alguna razón ella no puede moverse. Cerca, cada vez más cerca.

Todas las noches la misma pesadilla. Y siempre terminaba así, hasta que ella despertaba empapada por el sudor y jadeando por el miedo.

Ya les había contado a sus padres sobre la nota, pero ellos no le creyeron. Pensaron que era una broma para asustarlos. Cuando Lara fue a buscar el avión de papel, este ya no estaba, o … ¿En serio había estado? Ya no sabía en qué o en quién confiar. Se estaba volviendo loca. Se había vuelto el doble de paranoica e inquieta y temía no poder distinguir entre lo era real y lo que no. 

Ya era el día. Halloween había llegado, y con él, un terrible desenlace para esta historia.

Como solían hacer en los días festivos, los clubs de la ciudad ofrecían una fiesta por la noche. Y como era de costumbre, chicos y chicas jóvenes frecuentaban  lugares así. Chicos y chicas como el grupo de Lara, pero esta vez era distinto. Si no hubiera sido por la carta que había recibido días atrás Lara hubiera ido contenta, con la cabeza enfocada en pasar un buen rato, pero ese no era el caso.  

“Ustedes no lo entienden . Lo único en lo que pienso día y noche es en sus ojos, y en la forma en la que me mira. Siento que me observa cuando estoy en el colegio, cuando salgo de él, cuando estoy en mi casa e incluso cuando duermo. Vivo día y noche con miedo. Y lo peor es que nadie me cree, todos piensan que estoy loca”  les dijo después de que sus amigas trataban de convencerla para ir a la fiesta. “Nadie piensa que estás loca, es solo que… fuiste la única que vio esa carta. Solo estamos preocupados, eso es todo. Además,en mi opinión el ir a la fiesta y divertirte te hará bien” le dijo una de sus amigas.Tras varias idas y vueltas, Lara decidió ir a la fiesta.

Ya en la fiesta, Lara no se sentía nada segura, y mucho menos la estaba pasando bien, pero decidió no decir nada para no arruinarles la diversión a sus amigas. Unos minutos después se comenzó a sentir mareada y la combinación de bebida alcohólica con el olor a porro que había adentro del club no mejoraba la situación.Finalmente, decidió irse a su casa, cosa que a sus supuestas amigas pareció no importarles.

Al entrar a su casa, Lara recordó lo que había escuchado por el teléfono aquella tarde y se apresuró a cerrar todas las ventanas y cortinas. Al cerrar todo, decidió ir a bañarse y secarse todo el olor a humo que tenía debido al club. A pesar de ser primavera, en la noche se sentía frio, por lo que decidió tomarse una ducha caliente. El agua recorría todo su cuerpo desnudo , los vidrios de las ventanas y la mampara se habían empañado,  y en el aire se habían formado nubecitas de vapor. Al salir de la ducha agarró una toalla para el cuerpo y una más pequeña para la cabeza. Salió y se dirigió a su habitación para ponerse el pijama. Cuando volvió al baño para secarse el cabello, pudo notar algo en el espejo, en él se podía leer “Estoy adentro”. Cuando leyó eso soltó el peine y pudo saber lo que pasaría después, lo que le pasaría. Cuando el peine cayó al piso, la figura de un hombre salió detrás de la puerta. Después de todo este tiempo había sido el. El mensaje, la llamada, todo lo hizo él. Él se abalanzó sobre Lara quien tuvo la fuerza y los reflejos para tirarlo en la bañera que había en la ducha. Ella corrió a la cocina tratando de escapar, pero todo estaba cerrado. la persiguió por toda la casa  con un cuchillo. Y cuando la pudo atrapar los gritos desesperados de Lara cesaron. Horas después cuando la policía llegó a la escena del crimen, lo que pudieron ver parecía como una pintura trágica y horrorosa. Del lado izquierdo de la cama estaba Lara, completamente desnuda, envuelta en sábanas blancas teñidas por su sangre. Su espalda, que estaba al descubierto, tenía diez puñaladas. Del lado derecho estaba el. Manuel Duranti, su ex novio, a quien ella había dejado hace bastante pero él se había obsesionado de una forma muy retorcida, tanto que lo llevó a matarla. Se encontraba acostado y mirando a la bella joven. En su mano izquierda sostenía un cuchillo de cocina bañado en sangre, y en la camisa celeste que llevaba puesta había un hoyo cubierto por sangre en medio del pecho. El analisis del forense decía que la chica había sufrído de una violación en un estado de inconciencia y que luego el muchacho la había apuñalado, al ver lo que había cometido, este se quitó la vida. Entre los dos cuerpos sin vida se encontraba una nota en la que decía “si no sos mía, no sos de nadie”




3° PUESTO

SAN ANTONIO

Autora: Laura Ugarte                Seudónimo: Agua


El sol pega fuerte en la plaza Ruiz de Arellano, pero bajo la arboleda corre una brisa refrescante. Estoy con mi “Nikon” en mano para sacar otra foto a la fachada de la Parroquia San Antonio de Padua. En una esquina está “El Tokio” y en la opuesta “El Mitre”, lugar histórico por ser el primer solar edificado en los pagos de Areco, donde residió el primer alcalde, Don Francisco Xavier de Lima. Basta recorrer un poco para encontrarse con sitios de interés, históricos, museos, centros de exposición, etc., sin olvidar que del otro lado del río se encuentra el Museo y Parque criollo Ricardo Güiraldes, cuya misión es homenajear al reconocido escritor, autor de “Don Segundo Sombra”, y con él, al hombre de campo, sus costumbres y tradiciones, y así sellar –por si eso fuera necesario- por qué este terruño es denominado “Capital Nacional de la Tradición”. 

Es que uno podría perderse por cualquiera de las callecitas y siempre encontrar un lugar para disfrutar de la historia, de la gastronomía local, como también de su gente. 

Por ejemplo, Gabriela, con toda su dulzura expresada en su sonrisa es una de las vendedoras de los riquísimos chocolates de “la olla” más famosa de estos pagos; a unas cuadras de allí, Jesús se esmera en programar los platos de los próximos días, que serán una variante de su interesante “Carta”. A minutos nomás, Paula atiende atenta los pedidos de sus mesas en el “Almacén de Ramos Generales” mientras que, en otro rincón del corazón de la ciudad, se encuentra Cecilia, que dedica parte de su tiempo a pulir con cariño las piezas de plata que ella misma diseña; y así podría seguir contando de su buena gente, siempre atenta y generosa, pero voy a detenerme en la cuestión que esta vez impulsó mi viaje. 

Hay un hombre que pasea por el pueblo, nadie sabe dónde vive exactamente, pero todos lo conocen, es de aspecto misterioso pero amable, en una de mis visitas se me acercó y nos pusimos a charlar, él me habló del tren, de lo que sucede algunas noches allí, que lo compartió con un par de vecinos, pero nadie le creyó. Lo animé para que me cuente al respecto y aunque al principio se rehusó por temor a alguna burla, con pocas palabras y sigilosamente me contó. 

- “El tren pasa de noche. Mejor dicho: algunas noches, o más bien las noches de luna nueva. Una mujer viaja en él, una mujer que hizo historia” 

- ¿Y quién es ella? –pregunté. 

Miró hacia el cielo perdiendo allí la mirada y permaneció en silencio, como si hubiera olvidado que yo seguía a su lado. De pronto baja la vista, mira su muñeca derecha despojada de todo objeto y dice: “Se me hace tarde. Mejor me voy”. Avanzó con pasos largos perdiéndose al doblar la esquina. No quise seguirlo para no incomodarlo, pero me quedé pensando en el asunto, incluso a mi regreso a la capital seguía rondándome en la cabeza esa corta, pero interesante charla. 

Después de unos días solicité las semanas de vacaciones que me habían quedado pendientes, sabía que tendría luna nueva por delante y quería, con mis propios ojos, ver cuánto de cierto podría haber en la historia de este hombre. 

Volví a los pagos de Areco, me alojé en una cómoda posada y al atardecer me preparé para ir a “San Antonio”. 

La primera noche no vi nada más que oscuridad abrazando la vieja estación vacía y abandonada por el tiempo. Lo mismo sucedió la segunda noche, la tercera y la cuarta, pero la quinta… ¡Ah!!! La quinta noche pude ver la silueta majestuosa de esa máquina a vapor, pude oír el silbato que anunciaba su próxima estación, esa emoción me hacía parpadear una y otra vez para confirmar que era cierto lo que estaba observando, pero lo curioso es que la locomotora nunca llegaba a destino. Decidí entonces dar unos pasos hacia ella, pero mis piernas no respondían, después de varios intentos un profundo cansancio se adueñó de mi cuerpo, como si hubiera librado una batalla. La fatiga me ganó y ya no recuerdo nada más, sólo que amanecí recostado en un banco en el andén, al que antes no había visto. 

La noche siguiente me fui mejor preparado, había descansado lo suficiente y llevé mi Nikon para registrar el momento, pero todo resultó exactamente igual que la noche anterior, y cuando quise utilizar la cámara, ésta no funcionaba. 

La noche siguiente decidí ubicarme lejos de la plataforma, directamente en el paso a nivel. 

La situación cambió completamente y pude ver cómo el tren se detenía en la estación, y bajaba de uno de sus vagones una elegante mujer, que con distinguido andar se dirigía a la “sala de espera” de la estación, llevando consigo unos sobres grandes, o algo así. Demoró allí unos minutos y luego salió también con unos papeles. El tren retomó la marcha y pasó frente a mí como un destello que lo alumbraba todo. Demás está decir que esos días traté de indagar con los vecinos del lugar si habían visto o escuchado algo extraño esas noches, pero las respuestas eran las mismas: “nada extraño había pasado nunca ¿por qué debería haber pasado algo extraño ahora?” 

Volví a la siguiente noche y me instalé una vez más en el paso a nivel. No lleve mi cámara porque desistí de querer intentar fotografiar algo de todo lo fascinante y enigmático que me estaba ocurriendo. 

Los hechos se sucedieron en igual orden, esa bella mujer descendía al andén y se iluminaba todo el lugar, dejándome disfrutar de su figura y con la sensación de que me hallaba ante la presencia de alguien realmente interesante de conocer. 

La observe de lejos, como para no invadir la armonía de la escena, aunque todo me invitaba a acercarme. A esta altura, había dejado de lado la curiosidad de querer registrar cada cosa con mi cámara, para dar paso a la facultad de entender -si es que esa situación me permitiera acaso entender algo de todo ello-. 

Disfruté una vez más de la figura de esa doncella, a la que sentía que admiraba y me conquistaba. El tren pasó frente a mí y comprendí que la luz provenía de esa mujer. Volvió de pronto a agobiarme el cansancio, un sueño profundo me envolvía. 

La mañana me encontró dormido en el gran banco de la estación, a mis pies una publicación de la Revista “Sur” -extrañamente con fecha de ayer- y unos anteojos de color marfil y cristales verde oscuro, en cuyo extremo de sus patillas rectas tiene grabado el nombre “Lugene” (la casa que los fabricó). 

Miré esos anteojos por largo rato, y en el silencio de esa mañana reconozco que por un instante pensé en guardármelos, pero sabía que no me pertenecían; los dejé allí, donde estaban, mientras con un nudo en la garganta me preguntaba que sería preferible ¿Qué volviese a pasar por aquí Doña Victoria Ocampo, o que alguna vez el tren vuelva a pasar de día, llevando las historias cotidianas de la gente del lugar? 

… y aún hoy me lo sigo preguntando. 

 


Desde la Biblioteca Popular y Centro Cultural El Talar, agradecemos profundamente la participacion de cada escritor participante.

Los esperamos en la proxima edicion del concurso!!!!



17º Concurso Internacional de Cuento Corto Leopoldo Lugones


La Biblioteca Popular y Centro Cultural El Talar, del partido de Tigre, Pcia. de Buenos Aires, Argentina, convoca al Certamen de Cuento corto año 2025, de acuerdo a las siguientes bases:

 

 BASES DEL CONCURSO:

1. Pueden participar todas las personas que lo deseen, cualquiera que sea su edad, nacionalidad y residencia, siempre que presenten obras en lengua española, originales e inéditas, no premiadas o pendientes de fallo en otros concursos, y que los derechos no estén comprometidos con ninguna editorial.

2. Cada concursante podrá presentar una sola obra. No se cobrará inscripción.

 

DE LA PRESENTACIÓN DE LAS OBRAS:

3. El tema será libre y las obras deberán cumplir las siguientes condiciones:

a)      Tipo de fuente: Arial

b)      Tamaño de fuente: 10

c)      Interlineado: 1, sin separación entre párrafos

d)      Márgenes: Estrecho

e)      Alineación: Justificado

f)       Cantidad de palabras: Min. 1000 / Max. 7500

g)      Nombre del archivo: Titulo y Seudónimo

4. La obra deberá estar firmada con seudónimo.

5. Se enviará a la dirección de e-mail designada. Con el asunto: “Leopoldo Lugones 2025

6. En la portada constarán los siguientes datos: Título de la obra, Seudónimo, Certamen Internacional de Narrativa “Leopoldo Lugones”

7. Inscripción: se realizará completando el correspondiente formulario de Google. 

 

LOS PLAZOS:

8. La recepción de trabajos se fija desde el 15 de junio hasta el 21 de septiembre de 2025 inclusive, a las 24 h. Quedarán fuera de concurso los trabajos recibidos con posterioridad a la fecha mencionada.

 

DEL JURADO:

9. El Honorable Jurado estará conformado por personas vinculadas al campo de la cultura. Sus nombres se darán a conocer en el acto de entrega de PREMIOS junto con su fallo. Ningún miembro del Jurado podrá intervenir en el presente Concurso con la presentación de obra.

10. El Jurado está facultado a conceder las Menciones que considere, consistentes en diploma de honor. Su fallo será inapelable.

 

DE LOS PREMIOS:

11. Los premios se entregarán el día 25 de octubre, el horario se anunciara en redes sociales y será comunicado a los participantes por las vías de comunicación aportadas, en nuestra sede de Brasil Nº 1322, ciudad El Talar.

12. Los Premios son indivisibles y consistirán en Diploma y material bibliográfico; las Menciones en Diplomas.

13. Los ganadores deberán ceder a esta Institución los eventuales derechos de autor que pudieran corresponder por la reproducción y difusión total o parcial de la obra, donde se hará constar para tal caso, el nombre y apellido real del autor.

14. La sola participación en este concurso implica el conocimiento y aceptación de cada una de sus bases, las que se encuentran contenidas en este reglamento.

15. La omisión o violación de alguno de los requisitos de este reglamento producirá la descalificación del trabajo presentado.

16. Cualquier situación no prevista en estas bases será resuelta por el Jurado en total conformidad con el convocante.

 Inscripciones

Formulario de inscripción

Recepción de obras

concursoliterarioeltalar@gmail.com

 


Biblioteca Popular y Centro Cultural El Talar

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Informes: (011) 4736- 0190

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